jueves, 7 de abril de 2016

Si me preguntan por ella


no supe nada más

Hablamos
aquella noche
de la vejez


los sueños abandonados
el aburrimiento

la entrega incondicional
al amor al odio

Pero nunca nada fue igual
me decía
a ser madre por un rato
dar luz y calor
a un cuerpo vacio y seco
de esos que la muerte
cada tanto elige

Y ahi se quedó
inmóvil y sola
sobre la sábana
humedecida
el vientre un libro abierto con
las hojas arrancadas

de luna llena esa carita
la vió por última vez
en el borde
de una estrella
hundirse lento como un sol
se agota en el horizonte

Fue entonces que vimos pasar
por la ventana una nube
de cenizas encendidas
mucho más que las de
todos los volcanes de la tierra

Este va a ser un invierno muy largo
alcanzó a decirme

miércoles, 6 de abril de 2016

Un picaflor en el jardín de Santa Clara del Mar










Veo un picaflor. 
Todas las mañanas sobre las rosas.
Ahora sé que es el mismo
porque siempre llega puntual y
repite el orden de las flores.
Cuando todavía está lejos
reconozco el zumbido inconfundible
bien cerca de mi oreja derecha.
Y el mismo destello tornasolado
se desprende de sus alas.
Su reflejo en un vidrio de la galería
me encandila y me hace cerrar
los ojos.
De tan cerca impresiona.
Un ave pequeña
de apariencia gigantesca
verde azul y una franja amarilla
ojos negros de cabeza de tachuela
con el batir infinito y perfecto
las alas grises se convierten
en aletas de un pez volador
flotando imprevisible
primero aquí, después allá
el pico extenso de pala mecánica
ejecuta vibraciones intermitentes
así se presenta y le habla a las flores
en un código telegráfico propio
así cada tanto
succiona el néctar para su deleite
para seguir volando y fecundar
infinidad de flores
así me deja con la boca abierta.
Cuando abro los ojos desaparece.

Cada día a la misma hora
veo las rosas de pétalos caídos
los tallos que se inclinan
sin la energía del vuelo.
Será así
la manera de extrañarlo
hasta su regreso al otro día.




lunes, 4 de abril de 2016

Un dia como hoy



Un día
como hoy
como cualquiera



ya no vas a estar
en el sillón sentada
apoyadas las manos
sobre los muslos tensos
la boca al borde
de una sonrisa

ya no vas a mirar
por la ventana al cielo
llevándose el aliento compartido
y esa lagrima
que escondiste en un beso
soplado desde la mano

no vas a dejar más
los ojos sin pintar
el pelo suelto la palidez
entregándose al rubor
cuando pronuncio tu nombre

ya no vas a volver

a la cama deshecha al
contacto tibio
intenso

respirar la paz
que sigue al jadeo

Un día

como hoy
como cualquiera

voy a recorrerte dormida voy
a recortar tu imagen

y guardarla

intacta

bajo la almohada







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