miércoles, 23 de marzo de 2016

Con ella me alcanzaba


a mi abuela Delia








Mi abuela era poeta
y yo, el único que lo sabía.
Cuando mama perdía la risa
ella decía “…el año que viene
nos vamos a estar riendo de esto…” 
o “Música para mis oídos…”
cuando mi tío llamaba
del otro lado del mundo

Las palabras retumbaban en el aire
y yo con la boca abierta la miraba fijo
a los ojos dulces
la transparencia derramada
en una caricia cómplice sobre mi pelo
sonrojándome
corría atolondrado por el patio
ella regresaba a la cocina
a reencontrarse
con su silencio de siempre
en medio del ruido de platos y cacerolas

De noche en mi pieza tirado en la cama
los oídos tapados volvía
a escucharla apenas en un susurro
me traía el sueño
y despertaba a la mañana con el eco
de sus frases mágicas.

Hoy esas frases vuelven
en esta tarde gris como su pelo
y la veo con esa paz en su mirada
regar las macetas del balcón
la tierra humedecida de lágrimas
guardadas por años.
Aquí, donde un rayo de sol
descansa noche tras noche.
Donde cada mañana
hay capullos que florecen
para abrazarme.

domingo, 20 de marzo de 2016

Sería impensable










beber
de los ríos secos 

respirar el aire
de los que se ahogaron antes 


trepar por techos
de casas demolidas
pintar carteles volando
durante vendavales 


impensable 

pisar un campo árido
y sentir el olor 

a tierra mojada
irse por las ramas
de los bosques talados

Y es también impensable citarse
en una esquina a medianoche
cuando hay toque de queda
y escribir sobre papel manteca
la coordenada con un lápiz

Pero
lo
mas impensable
de todo es

esta                espera
esta    postergación

inútil



viernes, 18 de marzo de 2016

En el cielo un abismo

Desde una hamaca del jardín
miro el cielo recortado por
un marco de nubes y hojas
en su centro un avión esconde
la diminuta imagen
de mi partida.

En esa nave me voy
con la frente apoyada
en la ventanilla redonda
me veo solo en el jardín
allá abajo sostengo
la mirada perdida
la que me vio partir y busca
como el dial de una radio
alguna cita en el pasado.

Si me alejo no lo sé
si me quedé o me fui
solo huyo y me refugio
junto al deseo adormecido
de una estrella que se apaga

las palabras
contenidas en la boca
son un pedido de auxilio
que calla cuando me escapo

sin moverme
en el cielo un abismo
más allá de los días que ya fueron
las horas que nunca llegaron
como una ilusión perdida.












jueves, 17 de marzo de 2016

Festividad














A la cabeza
un perro suelto
anuncia con su cola triste la llegada
de una mezcla de procesión y comparsa
Una chica se aproxima
con una caja
de artesanías
sin vender
los hombres del pueblo
llevan gorritas de visera
las manos en los bolsillos
y un aire de aburrimiento
que levanta el polvo
con la liviandad vespertina del viento

En una ráfaga de ametralladora
los fuegos de artificio saltan
por los aires encima de la parroquia
junto al algarrobo centenario
Les explotan tan cerca a las estrellas que
dejan de pestañear por un momento
cuando el silencio habla
en el lugar de las voces calladas por el asombro
el cielo se ilumina y sucede
una inesperada resurrección del día
suspendido en las alturas
por debajo todo se oscurece
desaparece de la vista la faz de la tierra
La luz se desvanece y
con rapidez despreocupada
confluyen hacia el centro de la plaza
los chicos saltando
los turistas extranjeros boquiabiertos
todos ellos
con un gesto de las manos
una inclinación de la cabeza o
un aplauso diminuto
saludan a las ancianas sabias
que murmuran su canto
mirando el piso
mientras los lugareños
las envuelven en una ronda

Después de la última campanada
me acerco
con el apuro de
quien está de paso
y no quiere perder nada.
En el momento más calmo
ellas se elevan
emprenden un vuelo sin rumbo
y se pierden
en una nebulosa
que se confunde
con el multicolor de las montañas



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